n un reciente (1998) viaje a mi querida Zaragoza tuve la suerte de poder visitar la Seo, que se abría definitivamente después de más de 20 años cerrada y unas obras de restauración de más de 2.000 millones de pesetas.
El Gobierno de Aragón ha montado, con el motivo de la culminación de las obras, una exposición que tiene un éxito de asistencia muy elevado y los fines de semana es muy difícil poder realizar la visita.
La exposición está bien montada y permite comprobar la importancia de este templo en la historia de Aragón. Esto, sus valores arquitectónicos y los recuerdos personales cuando mi padre nos llevaba de pequeños a mí y a mis hermanos a misa los domingos, me han hecho considerar la idea de montar unas páginas dedicadas a esta catedral, en parte como ejercicio de estilo y en parte para intentar acercar al máximo público posible el interés por conocer esta joya arquitectónica.
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